La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra la pared de las arterias mientras circula por ellas. Sin esa presión la sangre no llegaría al cerebro, a los riñones ni a los pies. No es algo que convenga eliminar: es algo que conviene mantener en un rango razonable.
Se mide en milímetros de mercurio, mmHg, una unidad heredada de los primeros aparatos, que empujaban literalmente una columna de mercurio por un tubo. El aparato ha cambiado por completo; la unidad se quedó.
Por qué son dos números y no uno
El corazón no bombea de forma continua, sino a golpes. Por eso la presión dentro de la arteria no es constante: sube y baja con cada latido, entre sesenta y ochenta veces por minuto. Los dos números de su tensión son sencillamente el techo y el suelo de esa oscilación.
- La sistólica —el número alto, el primero— es la presión máxima, la del instante en que el corazón se contrae y expulsa la sangre.
- La diastólica —el número bajo, el segundo— es la presión mínima, la que queda mientras el corazón se relaja y vuelve a llenarse.
Cuando alguien dice «tengo 130/80», está diciendo que su presión oscila entre 130 y 80 mmHg a lo largo de cada latido. Ni siquiera durante la relajación baja a cero: el sistema arterial mantiene siempre algo de presión, y eso es justo lo que permite que la sangre siga avanzando entre latido y latido.
La diferencia entre ambos números tiene nombre propio, la presión de pulso, y aporta información que ninguno de los dos da por separado.
Qué determina que sea alta o baja
Dos factores mandan sobre el resto. El primero es cuánta sangre bombea el corazón por minuto. El segundo, y suele ser el decisivo, es cuánta resistencia ofrecen las arterias pequeñas al paso de esa sangre.
La imagen de la manguera de jardín funciona bien: con el mismo caudal de agua, apretar la boquilla sube la presión de golpe. En el cuerpo, las arteriolas hacen de boquilla y se estrechan o se dilatan continuamente según lo que el organismo necesite.
Sobre esos dos factores influyen muchas cosas: el volumen de líquido y de sal en el cuerpo, las hormonas del estrés, el riñón —que regula el volumen a largo plazo—, la elasticidad de las arterias grandes y el sistema nervioso, que ajusta la presión en segundos cuando usted se levanta de la cama.
La tensión no es un número fijo
Esta es probablemente la idea que más confusión evita. Su presión arterial no es una constante como la altura: cambia continuamente, y con márgenes amplios.
Baja durante el sueño, sube bruscamente al despertar, sube al hacer esfuerzo, sube con el estrés, sube al hablar, sube en la consulta del médico y baja después de comer. Variaciones de 20 o 30 mmHg entre distintos momentos del día son normales en una persona sana.
De ahí la regla que atraviesa todo este sitio: una sola medición no clasifica a nadie. Ninguna guía diagnostica hipertensión con un número suelto, por alto que sea.
Es un tema con suficiente miga como para tener su propio artículo: por qué la tensión cambia a lo largo del día.
Cómo se clasifica una medición
Las guías europeas ESC/ESH reparten los valores en siete categorías, desde la hipotensión hasta la hipertensión de grado 3. La regla de reparto tiene una particularidad que mucha gente desconoce:
Cada valor se clasifica por separado y la lectura recibe la peor de las dos categorías. Una medición de 120/95 no es «normal porque el 120 está bien»: es hipertensión de grado 1, porque el 95 lo es. Basta con que uno de los dos números esté alto.
| Categoría | Sistólica | Diastólica | |
|---|---|---|---|
| Óptima | menos de 120 | y | menos de 80 |
| Normal | 120–129 | y/o | 80–84 |
| Normal-alta | 130–139 | y/o | 85–89 |
| Hipertensión grado 1 | 140–159 | y/o | 90–99 |
| Hipertensión grado 2 | 160–179 | y/o | 100–109 |
| Hipertensión grado 3 | 180 o más | y/o | 110 o más |
La tabla completa, con lo que implica cada escalón, está en el artículo sobre los valores normales. Y si quiere ver dónde cae una medición concreta, puede comprobarla directamente.
Por qué importa
La presión arterial alta no duele ni se nota. Puede pasar quince años elevada sin dar un solo síntoma, y en ese tiempo desgasta despacio las arterias, el corazón, el riñón, el cerebro y la retina. Por eso se la llama «el asesino silencioso»: no avisa, y cuando avisa suele ser tarde.
Es también el principal factor de riesgo modificable de infarto e ictus en el mundo. La palabra importante es modificable: a diferencia de la edad o la genética, la presión arterial se puede bajar, y bajarla reduce el riesgo de forma medible.
La otra cara es que, precisamente por ser silenciosa, la única forma de saber cómo está es medirla. Aprender a medirla bien en casa es probablemente lo más útil que puede hacer después de leer esto.