Cuando a alguien le diagnostican tensión alta, es habitual buscar una causa concreta: algo que explique por qué a mí, por qué ahora. En la mayoría de los casos no existe una única respuesta. Aproximadamente entre el 90 y el 95 % de la hipertensión es primaria, también llamada esencial, lo que significa que no tiene una causa aislada identificable, sino que resulta de la suma de varios factores que se van acumulando. En una minoría de casos sí hay una causa concreta y potencialmente tratable, y ahí es donde conviene saber cuándo sospecharla.
Hipertensión primaria: una suma de factores
La forma más útil de entenderla no es buscar una causa, sino repasar los factores que contribuyen a ella y que, combinados, explican por qué una persona la desarrolla y otra con hábitos parecidos no.
- Edad: las arterias pierden elasticidad con los años, lo que eleva progresivamente la sistólica. Cómo evolucionan los valores de referencia a lo largo de la vida.
- Antecedentes familiares: tener padres o hermanos con hipertensión aumenta la probabilidad de desarrollarla, aunque no la determina por sí solo.
- Exceso de peso: el tejido graso, especialmente el abdominal, se asocia a mecanismos que elevan la tensión de forma directa.
- Sodio en la dieta: un consumo elevado de sal favorece la retención de líquido y la elevación de la tensión en personas sensibles a ella. De dónde viene realmente la sal que consumimos.
- Alcohol: el consumo regular eleva la tensión media de forma sostenida y dependiente de la dosis, con independencia del tipo de bebida.
- Sedentarismo: la falta de actividad física regular es uno de los factores más fácilmente modificables. El efecto del ejercicio sobre la tensión.
- Sueño de mala calidad: dormir poco o mal, de forma mantenida, se asocia a cifras de tensión más altas. La relación entre sueño y tensión.
- Enfermedad renal crónica leve: incluso una reducción moderada de la función renal puede contribuir a elevar la tensión, entrando en un círculo que se retroalimenta.
Ninguno de estos factores actúa de forma aislada en la mayoría de las personas. Lo habitual es una combinación: predisposición genética moderada, más algunos años, más unos hábitos que no ayudan. Por eso el tratamiento de la hipertensión primaria combina casi siempre varios frentes a la vez, en lugar de buscar corregir una única causa.
Hipertensión secundaria: cuándo sospecharla
En el 5-10 % restante existe una causa concreta e identificable, y tratarla puede normalizar la tensión o facilitar mucho su control. No se busca de forma sistemática en todo el mundo, porque no sería razonable hacerlo, pero hay señales que hacen que un médico la investigue activamente.
| Señal de alerta | Por qué hace sospechar una causa secundaria |
|---|---|
| Inicio antes de los 30 años | Poco habitual en la hipertensión primaria a esa edad |
| Inicio después de los 55 años, de forma brusca | Un cambio repentino en cifras previamente normales sugiere causa concreta |
| Resistente a tres o más fármacos a dosis adecuadas | La hipertensión primaria suele responder al tratamiento combinado |
| Cifras muy elevadas o de difícil control | Desproporcionadas respecto al perfil habitual de la persona |
| Niveles bajos de potasio en sangre sin explicación | Signo característico de exceso de aldosterona |
| Signos físicos sugerentes | Por ejemplo, un soplo abdominal o rasgos de enfermedad hormonal |
Ante cualquiera de estas señales, el médico puede plantear pruebas dirigidas a buscar una causa concreta. El diagnóstico y el estudio de una posible hipertensión secundaria corresponden siempre al especialista; no es algo que se pueda intuir ni confirmar por cuenta propia.
Las causas secundarias más frecuentes
Entre las causas identificables, algunas son bastante más comunes que otras:
- Apnea obstructiva del sueño: las interrupciones repetidas de la respiración durante el sueño elevan la tensión, sobre todo la nocturna, y con frecuencia pasa desapercibida hasta que se estudia.
- Hiperaldosteronismo primario: una glándula suprarrenal produce un exceso de aldosterona, la hormona que regula el sodio, lo que eleva la tensión y suele bajar el potasio.
- Estenosis de la arteria renal: un estrechamiento de la arteria que irriga el riñón activa mecanismos hormonales que elevan la tensión de forma marcada.
- Enfermedad renal parenquimatosa: daño directo en el tejido del riñón, no solo en sus arterias. La relación entre riñón y tensión.
- Enfermedad tiroidea: tanto el exceso como el defecto de hormona tiroidea pueden alterar la tensión arterial.
- Feocromocitoma: un tumor infrecuente que produce exceso de adrenalina y noradrenalina, con picos de tensión característicamente bruscos.
- Causas inducidas por fármacos o sustancias: antiinflamatorios no esteroideos de uso habitual, corticoides, algunos descongestionantes nasales, ciertos anticonceptivos, el regaliz en cantidad, la ciclosporina y algunos antidepresivos pueden elevar la tensión o dificultar su control.
Un caso frecuente en la práctica es el de una persona con la tensión bien controlada que empieza a tomar un antiinflamatorio de forma continuada por un dolor articular y ve cómo sus cifras suben sin motivo aparente. Repasar con el médico toda la medicación y los suplementos que se toman, incluidos los que no requieren receta, forma parte razonable del estudio cuando el control se complica sin explicación.
Por qué distinguirlo importa
Saber si su hipertensión es primaria o secundaria no cambia la urgencia con la que debe controlarse, pero sí puede cambiar el enfoque del tratamiento. Una hipertensión secundaria bien identificada a veces se corrige tratando su causa; una primaria se maneja combinando hábitos y, si hace falta, tratamiento farmacológico sostenido. En ambos casos, la decisión sobre qué estudiar y qué tratar corresponde al médico.
Si quiere partir de un punto de referencia claro sobre qué se considera normal antes de entrar en las causas, esta guía de valores de referencia es un buen punto de partida.