El ejercicio es, junto con la reducción de sal y de peso, la medida no farmacológica con más respaldo para bajar la tensión arterial. Pero no todos los tipos de ejercicio actúan igual, ni con la misma intensidad, y conviene saber qué esperar de cada uno antes de diseñar una rutina.

Efecto agudo y efecto crónico

Durante el propio esfuerzo la tensión sube, a veces de forma notable, sobre todo la sistólica. Es una respuesta normal: el corazón bombea más sangre y el sistema simpático se activa. Esto no es motivo de alarma en una persona sana.

Lo interesante ocurre después. Al terminar, la tensión baja por debajo de los valores previos al ejercicio y se mantiene así durante varias horas, un fenómeno conocido como hipotensión posesfuerzo. Es un efecto puntual, de un solo día.

El efecto que realmente interesa a medio plazo es otro: el efecto de entrenamiento, que se construye con la repetición y tarda aproximadamente de cuatro a doce semanas en consolidarse. No es inmediato, y por eso una sola sesión aislada no cambia nada de forma duradera; lo que cambia la tensión es el hábito sostenido.

Los tres tipos de ejercicio

Ejercicio aeróbico

Caminar rápido, correr, nadar, ir en bicicleta. Es el tipo con más evidencia acumulada y el que suele recomendarse en primer lugar. En personas con la tensión elevada, el entrenamiento aeróbico regular se asocia a descensos en torno a 5-8 mmHg en la sistólica, y algo menos en la diastólica, cifras que se aproximan a las de algunos fármacos en dosis bajas.

Entrenamiento de fuerza dinámico

Series de repeticiones con pesas, máquinas o el propio peso corporal. Su efecto sobre la tensión en reposo es más modesto que el del ejercicio aeróbico, pero aporta beneficios distintos e igualmente relevantes: mejora la masa muscular, el control de la glucosa y la composición corporal, por lo que se recomienda como complemento, no como sustituto.

Ejercicio isométrico

Contracciones mantenidas sin movimiento: apretar un dinamómetro de mano, mantener una sentadilla contra la pared. Sorprende a muchos, pero es el que muestra el mayor efecto por minuto invertido en algunos estudios, con descensos que en ocasiones igualan o superan a los del ejercicio aeróbico tras varias semanas de práctica en sesiones breves y frecuentes. Aún se investiga con qué protocolo exacto de series y descansos se obtiene el mejor resultado, así que de momento se plantea como complemento y no como sustituto de la actividad aeróbica.

Tipo de ejercicioEjemplosEfecto esperado sobre la sistólica
AeróbicoCaminar rápido, correr, nadar, bicicletaDescenso de unos 5-8 mmHg
Fuerza dinámicaPesas, máquinas, peso corporalDescenso modesto, beneficio metabólico añadido
IsométricoDinamómetro de mano, plancha, sentadilla en paredDescenso notable por minuto invertido

Cuánto y con qué frecuencia

La pauta habitual, coincidente entre las guías ESC/ESH y las recomendaciones generales de actividad física, es de al menos 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado —o 75 minutos si es de intensidad vigorosa—, repartidos en varios días, junto con dos sesiones semanales de trabajo de fuerza que incluyan los grandes grupos musculares. No hace falta más para obtener la mayor parte del beneficio; los estudios de seguimiento muestran que ganancias adicionales por encima de esa dosis son cada vez menores.

Precauciones que conviene conocer

Si su tensión está muy descontrolada —a partir de /check/180-sobre-110/ aproximadamente—, lo prudente es ajustar primero el tratamiento con su médico antes de iniciar ejercicio de intensidad alta. Con cifras moderadamente elevadas, el ejercicio suele ser seguro y además forma parte del tratamiento.

Al levantar pesos elevados es fácil realizar sin querer la maniobra de Valsalva: contener la respiración y hacer fuerza contra la glotis cerrada. Provoca picos de tensión intratorácica muy altos y puede resultar arriesgado en personas con hipertensión no controlada o problemas cardiovasculares. La recomendación general es espirar durante el esfuerzo y evitar cargas máximas sin supervisión.

Conviene recordar también que el ejercicio no sustituye a otras medidas cuando estas están indicadas: si además de moverse cuida la sal de la dietay sigue el tratamiento pautado, los efectos se suman en lugar de competir entre sí.

Si toma betabloqueantes, tenga en cuenta que estos fármacos reducen la frecuencia cardíaca máxima alcanzable, de modo que las tablas habituales de «zonas de frecuencia cardíaca» no le sirven de referencia fiable; es mejor guiarse por la sensación de esfuerzo percibido que por las pulsaciones.

Para saber si el ejercicio le está funcionando, lo más objetivo es comparar sus medias con un registro casero bien hecho antes y después de unas semanas de rutina constante, más fiable que fijarse en una sola lectura del día. Puede anotar los resultados en el diario para ver la evolución con claridad.