La hipertensión acapara casi toda la atención, así que cuando alguien ve en su tensiómetro una lectura como 88/58 suele preguntarse si eso también es un problema. La respuesta corta es: depende mucho menos del número que en el caso de la tensión alta.
Por debajo de 90/60, pero no siempre un problema
Por convención se llama hipotensión a cifras por debajo de 90 de sistólica o 60 de diastólica. Pero, a diferencia de la hipertensión, no existe un umbral único a partir del cual se considere una enfermedad. Hay personas —a menudo jóvenes, delgadas y con buena forma física— que viven toda su vida con lecturas de 90/55 o incluso más bajas, sin ningún síntoma y sin que eso implique riesgo alguno. Para ellas, esa es sencillamente su tensión habitual.
Lo que importa clínicamente no es la cifra en sí, sino si aparecen síntomas. Una tensión baja sin síntomas casi nunca requiere actuación. Una tensión baja con síntomas, sobre todo si es nueva, sí merece atención.
Síntomas que sí cuentan
La tensión baja da señales cuando el flujo de sangre que llega al cerebro, o a otros órganos, se queda corto. Los más habituales son:
- Mareo o sensación de cabeza vacía, especialmente al ponerse de pie.
- Visión borrosa o «puntos negros» pasajeros.
- Desmayo o pérdida breve de conocimiento (síncope).
- Cansancio inusual o dificultad para concentrarse.
- Náuseas.
- Piel fría, pálida o húmeda.
Si el mareo aparece de forma característica al incorporarse, conviene leer sobre hipotensión ortostática, que es la causa más frecuente de este patrón y tiene un manejo bastante específico.
Cuándo la hipotensión es una señal de alarma
Hay un grupo de situaciones en las que la tensión baja no es la condición en sí misma, sino el síntoma de algo agudo que está ocurriendo por debajo. Ahí es donde conviene actuar sin demora, sobre todo si la caída es brusca y se acompaña de sensación de estar realmente mal:
- Hemorragia interna o externa importante.
- Infección grave o sepsis, donde el cuerpo pierde el tono de los vasos.
- Deshidratación marcada, por ejemplo tras vómitos o diarrea intensos.
- Un problema cardiaco agudo, como una arritmia grave o un infarto.
- Insuficiencia de las glándulas suprarrenales, una causa menos frecuente pero relevante.
Si la tensión baja aparece de forma súbita junto con dolor torácico, dificultad para respirar, confusión, piel muy fría y sudorosa, o pérdida de conocimiento, no es momento de esperar a ver si mejora: llame al 112 (España) o 911 (América).
| Situación | Nivel de urgencia |
|---|---|
| Tensión algo baja de siempre, sin síntomas | Ninguna; es su normalidad |
| Mareo leve y ocasional al levantarse | Comentar en la próxima consulta |
| Mareo frecuente, caídas, desmayos repetidos | Cita médica en días próximos |
| Caída brusca y reciente, con malestar intenso | Atención médica el mismo día |
| Con dolor torácico, confusión, sudor frío o desmayo | Urgente: 112 (España) o 911 (América) |
Causas frecuentes
Aparte de las situaciones agudas anteriores, la hipotensión mantenida suele deberse a causas más cotidianas:
- Medicación. Es una de las causas más comunes: antihipertensivos que resultan demasiado potentes para esa persona, diuréticos, alfabloqueantes (usados también para la próstata), algunos antidepresivos y los nitratos usados para la angina. Si la hipotensión coincide con un cambio reciente de tratamiento, es un dato importante para su médico.
- Deshidratación leve, por poco líquido, calor o ejercicio intenso.
- Reposo prolongado en cama, que debilita los reflejos que mantienen la tensión al moverse.
- Embarazo, especialmente en el primer y segundo trimestre, donde es habitual y suele normalizarse después.
- Problemas del sistema nervioso autónomo o enfermedades endocrinas.
Qué ayuda en el día a día
Cuando la hipotensión es leve, crónica y sin causa grave detrás, algunas medidas sencillas suelen mejorar los síntomas:
- Beber suficiente líquido a lo largo del día, sobre todo con calor.
- Levantarse por etapas —sentarse un momento antes de ponerse de pie— en vez de hacerlo de golpe.
- Usar medias de compresión si el médico las recomienda, para ayudar a que la sangre no se acumule en las piernas.
- Si el mareo aparece sobre todo después de comer, probar con comidas menos copiosas y más repartidas a lo largo del día.
- Aumentar la sal de la dieta solo si su médico se lo indica expresamente. Es una recomendación que ayuda en algunos casos concretos de hipotensión, pero que no debe adoptarse por cuenta propia, y menos si además existen otros problemas de salud, como los que se describen en este artículo sobre la sal y la tensión.
Estas medidas no sustituyen una evaluación médica cuando los síntomas son frecuentes, intensos o de aparición reciente: el objetivo es descartar antes una causa concreta y tratable.
Para seguir
Anotar cuándo y en qué circunstancias aparecen los síntomas —de pie, tras comer, con calor, tras un cambio de medicación— es la información más útil que puede llevar a la consulta. Puede apoyarse en una rutina sencilla de medición en casay usar nuestro comprobador para registrar cada lectura junto con el contexto en que se tomó.